En un inicio de lujo de la Feria del Libro de Salta, Pedro Saborido, guionista de Diego Capusotto y escritor brindó una interesante charla donde se refirió a las disputas de identidades y a los centros de emanación de poder. El dibujante Rep lo acompañó e ilustró con imágenes proyectadas en una pantalla gigante.
Estas son las principales frases que dijo Pedro Saborido:
Todos distinguen al Maradona persona y al Maradona jugador. Para las personas que se destacan, la trasgresión es el arma con la cual trascienden. Con todo respeto, ¿a quién le interesa la vida de Francescoli? Pero es un gran jugador, de hecho, Maradona lo admiraba. Los dos tienen muchas cosas en común, sus mamás son devotas de la virgen Pompeya, fueron bautizados en la misma iglesia. Pero Maradona nos da identidad porque nos otorga existencia en el mundo.
La Argentina, respecto a Europa y EE UU, necesita legitimarse. Es como Salta seguramente lo hace con Bs As, y quizá Jujuy con Salta. Una especia de caja china que cada uno va encontrando una identidad con otra identidad.
Personas como Maradona trasciende la emanación cultural. El faltante viene de la civilización, la civilización se presenta como lo completo y la barbarie es aquello que debe abandonarse. Siempre se hace cristiano a un indio, no se lo agarra a un europeo y se lo hace creer en la Pachamama. Se supone que hay que llevarle la educación al indio. Son vectores culturales.
En el caso de Salta hay una gran confusión porque está en el norte, cerca del virreinato y después vinieron al centro. El porteño simplifica a la Argentina como: Salta, hace empanada; Tucumán, pega cabezazo; el cordobés tiene un acento y siempre tiene que ser gracioso. Se simplifican las identidades. El cordobés también tiene ese problema, se jactan de que tienen la primera universidad de Latinoamérica y después o conocen por la Mona Giménez y el fernet, hacen constantemente declaración de conquista. El Porteño se siente en el exterior, porque el resto del país para el de Buenos Aires son “el interior”. Córdoba toma eso, no lo critica y hace un diario que se llama “La voz del interior”, se declara en guerra con Buenos Aires.
Las identidades tienen sus propias internas. Mientras te vas acercando a un lugar, te das cuentas de las particularidades. Las identidades se forman a partir de los conflictos. Hablando de empanadas: si lleva uvas, papas, donde es el mejor lugar para comer empanas en Salta… ¿Cómo se arregla un conflicto? Si un jujeño tiene un conflicto con un porteño, rápidamente se convierte en el norte argentino y salen a defenderlo al jujeño.
El centro cultural, político, económico, religioso está a dos cuadras de donde termina, todo pasa por ahí. La cultura, el dinero va y viene por ahí, hasta el coronavirus entró por Buenos Aires. Esa disputa de identidades hace que el conurbano no pueda distinguirse con una identidad propia y todos piensan que todos son porteños.
Piensen ustedes quién vive en el centro y quién vive en el conurbano de Salta. Si alguien vive en el barrio Solidaridad y otro vive en Tres Cerritos, es probable que el segundo conozca más el camino al centro que el otro. El que vive más al centro siempre mira hacia allí. Piensen cuánto conocen hacia el norte y cuánto hacia el centro de Salta. El remisero del barrio sabe cómo llegar al centro. El porteño nunca va a dejar de ser porteño, aunque venga a vivir a Salta.
De la misma manera, en Buenas Aires todo se pudre, si un salteño se va a Buenos Aires y vuele, lo van a mirar y le van a decir “mirá como revuelve, el café, se aporteñó” y allá seguis siendo un paisano, un salteño “¿Cómo es Salta, hay wifi allá?” y será toda la vida será salteño. Los centros son polos culturales.
Si llegaste a Buenos Aires, la próxima estación vas a querer que sea Europa o Estados Unidos. Siempre hay un faltante en la barbarie, siempre nos vamos a querer construir y la única manera de legitimarnos es que nos legitime el centro: Europa o Estados Unidos. Lo corroboramos preguntándonos cuánto sabemos nosotros de ellos y cuánto ellos saben de nosotros. Vamos a suponer, Morales, un salteño resentido, seguramente pensó “me tengo que ir de Salta para ser gobernador”, ustedes son los porteños para Jujuy. Los jujeños saben quién es el gobernador de Buenos Aires, pero no todos los porteños saben que el gobernador de Jujuy es Morales.
Si miramos más allá, lo tenemos a Bruce Willis y Scarlett Johansson. Entonces, los jujeños saben quién es Morales y Larreta, el porteño sabe quien es Bruce Willis y Scarlett Johansson, ¿pero ella sabe quién es Morales? ¿Qué pasará si le decimos a Bruce Willis “Perico”? Tampoco saben quién es Larreta, de México para abajo somos todos iguales: latinos. No conocen las culturas hegemonizadas.
Sabemos la fecha de la independencia de los Estados Unidos, pero no quien nos hizo nacer, que es alguien importante en nuestra vida. Incluso sabemos la vida de Wanda Nara o de la formación de Racing y no quien nos trajo al mundo.
Las culturas que hegemonizan se miran a sí mismo, entre ellos. Como plebes, conocemos más de las culturas que nos hegemonizan, conocemos a Bruce Willis, podemos nombrar Massachusetts, Florida, los conocemos porque se muestran y se encaran de que los conozcamos, nos fascinan, nos hipnotizan. Los Beatles nos encantan y hablamos de ellos. La dominación cultural y económica van de la mano.
Esa fascinación tiene una raíz: es la capacidad del ser humano de poder entrar en un mundo de símbolos y entra dos vidas: la que tiene y la que podría tener, el potencial de esa vida, a veces es un deseo, a veces una actitud y a veces una fantasía. La civilización es el Super Yo, lo que corresponde, el mandato, lo que sebe ser. El Ello es el impulso del inconsciente, que quizá está reprimido por el Super Yo. El yo es la barbarie. Nadie puede ser culpable de lo que siente, el problema es cuando pasamos de la metáfora a la literalidad.
El Super Yo fascina, al punto de suspender la incredulidad como para no decir “Julio Chávez no es un puntero del conurbano”, o quedarnos hasta las 6 de la mañana viendo 3 temporadas de una serie que no podemos pronunciar su nombre, pero enganchados en una mentira: sabemos que está filmado, que el tipo es un actor, sin embargo nos emocionamos, nos entregamos, porque nos fascinamos, anulamos la incredulidad. El juego y el entretenimiento son cosas que el ser humano hace hasta que se muere, el resto son épocas: época de estudio, de trabajo, de amigos, de sexo.
