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miércoles, agosto 12, 2026

Sáenz y los Milei: del affaire de la rosca al tironeo por la tierra

El rechazo a la extranjerización tensó el vínculo con la Casa Rosada. En el Grand Bourg apuestan a recomponer a fuerza de votos antes de fin de año.

La relación entre Gustavo Sáenz y la Casa Rosada entró en una zona incómoda, de esas donde nadie rompe del todo pero tampoco sonríe como antes. El episodio de la ley de tierras y, en particular, la negativa del oficialismo salteño a acompañar la eliminación del límite del 15% para la venta a extranjeros dejó marcas. “El golpe fue fuerte”, dejaron trascender cerca del presidente Javier Milei, donde el malestar no se disimula. “Hay enojo con los gobernadores”, repiten en voz baja, con ese tono que en política suele anticipar facturas.

La presión social jugó su partido. Gobernadores y senadores sintieron el peso de una reacción que cruzó partidos y provincias. En ese contexto, el saencismo decidió correrse de la línea que impulsaba la Casa Rosada. “No había margen para otra cosa”, admiten en el entorno provincial. Pero el costo político apareció rápido: el vínculo con los hermanos Milei se enfrió y la sintonía fina que venía aceitándose empezó a desafinar.

Tampoco ayudó el intento de instalar una narrativa propia sobre la caída del proyecto. En Buenos Aires no cayó bien que desde Salta (los libertarios locales jugaron su papel) se sugiriera que el freno a la reforma había sido mérito del oficialismo local.

El problema es que el esquema de supervivencia de Sáenz depende, en buena medida, de ese vínculo con Nación. Durante su gestión, el gobernador apostó a una lógica pragmática: negociar apoyo legislativo a cambio de recursos, obras y programas en un contexto de ajuste feroz. “Ir a Buenos Aires a ver qué se puede rescatar”, sintetizan sin rodeos. Con la motosierra en marcha, eso se tradujo en obras menores, algún ATN y acuerdos puntuales. Nada estructural, pero suficiente para sostener la gobernabilidad.

Con el enojo libertario sobre la mesa, esa dinámica se complica. “Se achicó el margen”, reconocen incluso dentro del oficialismo provincial. La ecuación es simple: menos alineamiento, menos beneficios, en un escenario de recursos escasos. Por eso, lejos de dinamitar los puentes, en Salta ya trabajan en la recomposición. “Esto se arregla con política”, dicen, y la traducción es conocida: votos en el Congreso.

Ahí aparece la próxima ficha del tablero. La reforma electoral y la posible eliminación de las PASO se perfilan como el terreno donde el saencismo podría volver a alinearse con la Casa Rosada. Es la carta que queda sobre la mesa y están dispuestos a jugarla.

Pero hay otro componente menos visible y más sensible. En el entorno del gobernador reconocen una preocupación que excede la coyuntura legislativa: el frente judicial. “No se puede romper del todo”, admiten, aludiendo a la necesidad de sostener un clima político que no incentive conflictos en ese terreno. La referencia a la Corte Suprema aparece como un fantasma latente.

Con 2027 en el horizonte, la estrategia de Sáenz sigue siendo la misma: administrar tensiones sin romper, negociar y llegar competitivo al año electoral. El problema es que, en la Argentina de Milei, ese equilibrio se vuelve cada vez más inestable.

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