La intimación a los empresarios de SAETA llegó tarde, después de que le marcaran la cancha, y la calle en protesta. El servicio nocturno se restablece hoy.
Tres días. Ese fue el tiempo que el Gobierno de Gustavo Sáenz necesitó para hacer lo que debía hacer desde el primer momento: intimar a las empresas para que cumplan el servicio. Mientras tanto, miles de usuarios quedaron a pie desde el domingo por la suspensión del transporte nocturno, una medida anunciada que nadie frenó a tiempo.
No hubo sorpresa. El conflicto estaba planteado, con empresarios advirtiendo sobre deudas y posibles recortes. Aun así, la reacción oficial fue tardía. Recién este miércoles llegó la intimación formal y el anuncio de restitución del servicio, cuando el problema ya había escalado y el malestar era evidente.
En el medio, el Gobierno ensayó una salida discursiva conocida: culpar siempre a otro y no hacerse cargo. En este acaso apuntó contra Nación. Un reflejo automático que no resiste demasiado análisis. El transporte en Salta es competencia provincial, con responsabilidades que no se pueden evitar en el discurso.
Pero lo más evidente no fue solo el intento de despegarse. Fue la falta de conducción. Los empresarios marcaron los tiempos, presionaron con seguir profundizando las restricciones y forzaron una reacción que nunca fue preventiva. El Gobierno accionó muy tarde y se dejó apurar.
La calle terminó de cerrar la escena. Estudiantes, trabajadores y usuarios expusieron el impacto real de una medida que golpea siempre a los mismos. Recién ahí apareció la respuesta oficial, con los cantos de la calle ya instalados, con la promesa de normalización del servicio nocturno.
El conflicto encontró una salida. Pero no fue por anticipación ni por conducción. Fue después, con el problema ya instalado y con un Gobierno que volvió a aparecer cuando la crisis ya estaba en marcha.
