Han sido muchos los micros e incluso aviones que llegaron a Salta desde que empezó la cuarentena. Las dudas sobre los mecanismos de este ingreso crecen día a día, lo mismo que el enojo de los salteños ante lo que consideran una actividad en la que no se toman precauciones.
Finalmente terminó ocurriendo en Buenos Aires lo que en Salta parece imposible: se detuvo un colectivo de Silvia Magno y se le exigió documentación. La empresaria está por estas horas ofuscada en la prensa defendiendo su accionar, diciendo que la atacan “porque hace” o simplificando la detención como un simple problema burocrático. El tema es que su discurso no cierra.
Por empezar se cuestionaron los precios altísimos de su servicio, a los que Magno respondió que “puedo cobrar diez mil si quiero”. Esto no deja de ser cierto, pero porque detenta un extraño monopolio de la actividad. La empresaria dijo que el gobierno “le pidió” que traiga a los salteños varados, pero esto no lo hace gratis ni tampoco existe algún contrato firmado con el ejecutivo ni nada que se le parezca.
Estamos ante informalidades bastante sospechosas que se coronan con la llegada de repatriados que se van cada uno a su casa a cumplir cuarentenas de dudoso control por parte de la policía. En el caso del micro detenido en Buenos Aires, Magno asegura que los pasajeros cumplieron cuarentena, pero no cuentan con papeles que lo acrediten ni que digan a ciencia cierta hace cuanto tiempo la hicieron. No nos olvidemos que Buenos Aires es zona con circulación del virus.
En las últimas horas han empezado a circular algunas noticias y comentarios en las redes defendiendo el derecho de los salteños a volver a sus hogares. Eso no está en duda, pero el regreso debe ser en regla y Magno parece no estar dispuesta a ello.
