Fiel a su estilo (y al presidente), el gobernador salteño evitó definiciones en torno al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien deberá afrontar la los planteos de remoción en el Congreso nacional. El saencismo se alista para proteger al funcionario acusado de enriquecimiento ilícito.
En el marco de los homenajes a Martín Miguel de Güemes, el gobernador Gustavo Sáenz se refirió a la polémica del jefe de gabinete del gobierno nacional, Manuel Adorni, quien afrontará una interpelación en el Senado nacional, en una sesión donde ya existen los números para ser removidos mediante el mecanismo constitucional de una moción de censura.
“A mí no me preocupa Adorni, a mí me preocupa el gas de los salteños, me preocupa la ruta, me preocupa la falta de medicamentos oncológicos, me preocupa que la gente no llegue a fin de mes, preocupa la falta de consumo, las empresas que cierran, la gente que se queda sin trabajo. Lo de Adorni es una preocupación que debería ser del gobierno, porque es un funcionario”, expresó.
Lo dicho por Sáenz anticipa lo obvio, al evitar definiciones respecto a la decisión de los legisladores nacionales que le responden (Outes, Vega, Biella y Royón), lo más esperable es que esos legisladores repliquen el respaldo al Gobierno nacional que vienen sosteniendo desde diciembre de 2023 a la fecha.
Por otra parte, las preocupaciones que antepone Sáenz respecto a la situación de Adorni, demuestra una enajenación de un problema estructural serio en nuestro país, la presunta corrupción, enriquecimiento ilícito y la impunidad. A un ciudadano con carga pública como el Gobernador, no debería resultarle indiferente un asunto tan delicado.
Además, los problemas que señala Sáenz como más trascendentes que la situación de Adorni, (gas, rutas, medicamentos oncológicos) no debería plantearlos en tono comentarista, sino rindiendo cuentas respecto a lo que está haciendo para resolverlos.
Desde ese punto, es claro que uno de los roles fundamentales de un Jefe de Gabinete es administrar y ejecutar el presupuesto nacional, por lo tanto, si hay tanto pendiente, no tiene ningún sentido relegar la situación de Adorni.
La maniobra discursiva de Gustavo Sáenz no es más que una nueva muestra de cinismo.
