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viernes, agosto 21, 2026

Tribunal de Cuentas: la costosa casta municipal incuestionable

El excesivo gasto político se encuentra en el centro de las miradas y el Tribunal de Cuentas, sin duda, aparece como un símbolo del derroche millonario del erario municipal. Aunque asimilado por propios y extraños, se trata de un organismo necesario para que todo siga siempre exactamente igual.

Veamos lo formal para luego pasar a los detalles. Desde su normativa la falta de independencia en la designación de sus miembros aparece a la vista. Ocurre que la Carta Municipal, establece que los integrantes del Tribunal son nombrados por el Intendente, con acuerdo del Concejo Deliberante –vale decir siempre complaciente- lo que sugiere al menos dudas, entre el supervisor y el supervisado.  Se trata de un funcionamiento ideal para quien ostenta el poder, no así para ejercer la función de contralor.

Otro aspecto es la duración de cinco años en el cargo, con posibilidad de reelección; es decir que la renovación dentro de este importante órgano de control es un año más el jefe comunal. Sacando el velo de las palabras que barnizan la normativa en el municipio capitalino, es posible concluir que el Tribunal es lisa y llanamente un apéndice disimulado-cada vez menos- del Ejecutivo.

Miembros cuestionables

La composición actual del Tribunal de Cuentas tendría que levantar suspicacias en cualquier ciudadano informado; al revisar sus nombres aparecen figuras portadoras de la bendición del poder real, aunque con pocos laureles por su aporte a la ciudad. Con trayectorias cuestionables, impuestos desde arriba, son los que deberían estar con la lupa en la mano.

Benjamín Cruz, es un ejemplo de ello; a su favor, vale reconocer, tienen la epopeya de no haber sucumbido pese a los brutales incendios que tuvo que apagar y luego de transcurrir su tiempo adverso, hoy se encuentra transitoriamente tranquilo, aunque, por cierto, con notables quemaduras, cicatrices exclusivas de aquellos que ponen la cara y se queman.

Conocido- por los descalificadores seriales- como un paquidermo, siempre mandado para ejecutar tareas premeditadas desde la mesa chica y con pesados contactos con el mundo policial. Solo para mencionar dos ejemplos de su prontuario: de mínima tuvo que enfrentar un sumario por un faltante millonario de fondos durante su paso por la intendencia de Gustavo Sáenz. Y de máxima, aunque para el poder merece ser olvidado, tiene una mancha oscura: Darío Monges. La historia reciente indica que, a principios de junio de 2022, Monges se presentó ante la Unidad Carcelaria de Orán para visitar al sicario Oscar Alberto Díaz, quien había sido atrapado semanas antes.

Monges visitó al peligroso sicario presentándose como abogado del ministerio de Seguridad de Salta y logró su cometido, fuera del horario de visitas y, según se supo, gracias a la intervención de Cruz. Luego, Monges apareció acribillado a balazos, en un hecho que investiga todavía el fuero federal. Imborrable episodio no fue suficiente para que llegue a ese importante lugar, ganándose el premio mayor en la facultad de la impunidad.  Semejante acontecimiento para cualquier ciudadano de a pie le habría costado su libertad, sin embargo, en el multiverso del poder salteño, al apoderado del partido de gobierno lo premian.

También se puede mencionar a Sócrates Paputsakis, discípulo indirecto de la gestión isista, conocido por solo presentar una declaración jurada desde que asumió como vocal y con denuncias de grandes flujos de dineros desembolsados sin respaldo; como todo pasa, no prosperaron, pese a los inapelables elementos brindados en ese entonces por un Carlos Zapata, que tiró arriba de la mesa de la opinión pública local una bomba jamás condenada.

Resulta invisible para la mayoría, aunque no de casualidad es parte del organismo de “contralor”: Federico Ríos, quien reemplazó al padre del diputado nacional (ex ministro de Economía U) Emiliano Estrada; el hombre relacionado al clan U tiene un largo historial que incluye su papel como apoderado judicial de la Municipalidad y vinculado a Urtubey.

Todos hacen lo posible para mirar para otro lado, mientras es costumbre tener un organismo de control pintado, que cobra casi 2 millones de pesos mensuales y con algunos de sus miembros seriamente cuestionables.

(E.B.)

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