Vacantes abiertas, nombres propios y un trasfondo inquietante: Sáenz acelera el armado de una Corte a su medida y reaviva el debate sobre impunidad, control institucional y su futuro político.
En Salta parece existir una regla no escrita: cuando un gobernador entra en su último mandato, acelera el copamiento de la Corte de Justicia. Gustavo Sáenz no quiere ser la excepción. Con los períodos de Ernesto Samson y Guillermo Catalano ya vencidos, el mandatario provincial avanzó con una propuesta que vuelve a encender todas las alarmas institucionales.
Los nombres que impulsa están marcados por su cercanía política y personal con el gobernador. Martín Plaza y Martín Diez Villa son los elegidos para ocupar los sillones vacantes del máximo tribunal provincial. Ambos integran el círculo íntimo de Sáenz. No son casuales, ni neutrales, ni independientes.
El caso de Martín Plaza resulta especialmente revelador. Fue protegido y premiado por el propio gobernador cuando lo envió a la Casa de Salta con rango y sueldo de ministro, luego de haber protagonizado el cierre de una radio que no respondía a los intereses del Grand Bourg. Lejos de cualquier reproche institucional, Plaza fue ascendido. Ahora, el premio mayor: la Corte de Justicia.
Pero el trasfondo del avance va más allá del clásico intento de asegurarse impunidad o blindaje político. En los pasillos del poder se comenta cada vez con más insistencia que la re–reelección de Sáenz no está garantizada. No por los votos, otro problema, si no por la legalidad. Para muchos juristas y sectores políticos, la “reforma” constitucional que el propio saencismo impuso no lo habilita a un tercer mandato, y cualquier intento de forzar esa interpretación podría terminar judicializado.
En ese contexto, surgen varias preguntas: ¿quiere Sáenz jueces amigos para asegurarse fallos favorables si su continuidad en el poder llega a la Justicia? ¿Busca una Corte dócil que legitime una candidatura cuestionada? ¿O que frene eventuales impugnaciones que pongan en jaque su proyecto personal? El control del máximo tribunal aparece ahora como una pieza clave para su futuro.
El saencismo ya domina ambas cámaras legislativas, lo que le permite aprobar leyes, presupuestos y designaciones sin sobresaltos. Dentro de esa lógica de concentración, ahora toca avanzar sobre la Justicia para completar el círculo. Eliminar cualquier contrapeso real que pueda incomodar al poder.
No se trata solo de nombres propios, aunque los nombres también importan. Se trata de un modelo de poder que confunde el Estado con un patrimonio personal. Una Corte integrada por amigos del gobernador no garantiza justicia: garantiza obediencia. Entonces, lo que busca el gobernador no es más que obtener una herramienta más del proyecto personal.
