Durante doce años gobernó Salta, tomó decisiones, firmó decretos, pidió prestamos para obras que nunca se hicieron, manejó presupuestos multimillonarios, sin embargo, cuando aparece una factura, un juicio o una condena, resulta que él no tuvo nada que ver.
Esta vez le tocó explicar el desastre de Casinos Austria, o al menos intentarlo. El CIADI dejó firme una condena de 45 millones de dólares. Una cifra obscena para una provincia que vive pidiendo préstamos, refinanciando deudas y contando los pesos para hacer obras.
Pero para Urtubey el problema parece ser otro. Según el ex mandatario, rescindir el contrato fue una genialidad económica.
«Cuando yo llegué al gobierno dije que esto era un escándalo. Empezamos un proceso de renegociación y frente al incumplimiento de contrato rescindimos el contrato de Casinos de Austria», se justificó en Infinito FM.
Sostuvo que gracias a esa decisión la provincia pasó de percibir 1,5 millones de dólares por año a recaudar cerca de 9 millones anuales por la explotación del juego.
«Desde el año 2008 hasta ahora la provincia cobró más de 160 millones de dólares. Restale los 45 millones del fallo y todavía tenés casi 100 millones de dólares más que cobró Salta gracias a esa decisión», resalto.
Lejos de asumir alguna responsabilidad política por el resultado judicial, Urtubey trasladó el eje de la discusión hacia el contrato original firmado durante la gestión de Juan Carlos Romero.
«La pregunta es por qué la provincia de Salta cuando firmó el contrato fijó el CIADI en Nueva York y no en la Argentina. ¿Por qué resignamos nuestra competencia si somos salteños?», indicó.
A lo largo de la entrevista, Urtubey habló de Milei, de Sáenz, del PJ, del RIGI, de la Justicia y de la economía nacional. Pero cuando llegó el momento de abordar una condena internacional que terminará costando decenas de millones de dólares a los argentinos y a los salteños, eligió otro camino: reivindicar la decisión, repartir responsabilidades y recordar cuánto dinero ingresó durante los años posteriores.
Fue una defensa curiosa. Casi infantil. Como un vecino que incendia medio barrio y después presume que ahorró en pintura.
Porque lo que evita decir es lo más simple de todo: si la decisión fue tan brillante, ¿por qué terminó con una condena internacional multimillonaria?
