15.3 C
Salta
viernes, septiembre 11, 2026

Opinión | La encrucijada salteña y la traición al espíritu peronista

Reflexiones desde la doctrina justicialista ante la crisis de representación en Salta

El Movimiento Nacional Justicialista, en su génesis doctrinaria, se fundamenta sobre pilares irrenunciables: la lealtad como virtud política fundamental, la coherencia ideológica como brújula de acción, y el servicio desinteresado al pueblo como único fin legítimo. Cuando el General Perón afirma que «el conductor no se elige por votación, sino que se reconoce por sus virtudes” (Modelo Argentino, 1974), establece un principio sagrado: la política como sacerdocio de la causa popular y no como botín de ambiciones personales.

El cuadro que presenta hoy el justicialismo salteño evidencia una profunda degeneración del ethos peronista, es decir de aquello que lo identifica como movimiento revolucionario. Dos figuras con trayectorias marcadas por controversias públicas, documentadas en causas judiciales y denuncias periodísticas, pretenden alzarse como alternativas electorales, olvidando que:
1. La lealtad no es transaccional: Ambos han transitado por facciones antagónicas dentro y fuera del peronismo, demostrando lo que Perón llama «política de ocasión». El conductor auténtico construye con perseverancia y no cambia de camiseta según la dirección del viento.
2. La ética es el fundamento: Las múltiples denuncias de presuntas irregularidades durante sus gestiones, desde investigaciones judiciales hasta auditorías con hallazgos preocupantes, contradicen el principio peronista de que el funcionario debe ser intachable como el sacerdote en el altar.
3. El pueblo es el único beneficiario: Cuando las gestiones públicas generan cuestionamientos persistentes en la ciudadanía, manifestados en escraches y repudios sociales documentados, se viola el sagrado principio de que «los únicos privilegiados son los niños», transformándose en privilegios para las mismas minorías de siempre cercanas al poder.

El planteo Juan Manuel Urtubey o Sergio “Oso” Leavy como únicas alternativas constituye un fraude a la inteligencia política de los militantes peronistas primero y del pueblo salteño después y una profunda y a la vez preocupante ceguera estratégica de cara al propio soberano quien debe escoger a sus representantes en Octubre.
En el caso de Urtubey, su paso o coqueteo con distintas corrientes ideológicas y su presunta vinculación con estructuras paralelas al PJ, reflejan lo que Perón denuncia como «la política de los acomodaticios». Su cercanía al gobernador Saenz, quien también conduce una estructura ajena (parásita) al justicialismo y ha apoyado a través de sus legisladores afines las políticas criminales del régimen de Milei, evidencia ruptura con la lealtad partidaria.
Por otro lado en el caso de Leavy, su destitución como intendente y las posteriores denuncias por presuntas irregularidades financieras durante su gestión municipal, aún cuando en la justicia se hayan anulado, contradicen la máxima moral que el pueblo espera de todo funcionario: que sea pobre como los monjes. El reciente escándalo por falsificación documental y usurpación de un galpón de Nación en la que quedó involucrado de manera indirecta, también genera dudas sobre la idoneidad moral exigible a quien debe representar nada menos que al soberano pueblo de Salta en la Cámara Alta.

La intervención nacional, impuesta por la ahora encarcelada presidenta del Partido Justicialista Nacional, Cristina Fernández de Kirchner, lejos de sanear ideológicamente al partido, ha profundizado la crisis al imponer lógicas ajenas a la realidad salteña, reemplazar la soberanía de las bases por decisiones de la cúpula y convertir al partido en apéndice de proyectos personales externos proveniente de los partidos parásitos de siempre que por sí solos no tienen el alcance popular que les proporciona el Partido Justicialista.
Esto viola de manera flagrante el principio básico de comunidad organizada que Perón considera como el alma del Movimiento.
Frente a esta encrucijada, el justicialismo salteño debe recordar que:
1. Existen cuadros inmaculados y a la vez preparados: Jóvenes formados en las cada vez más ausentes escuelas de formación política, dirigentes barriales con arraigo territorial, técnicos comprometidos con la doctrina, todos invisibilizados por la maquinaria de la vieja política que, como la peste o el cáncer, se ha adueñado de cada célula y no deja prosperar nada más.
2. La urgencia anti-Milei no justifica cualquier alianza o frente o candidato: Perón nos enseña que no hay peor error que combatir un mal con otro mal. La resistencia al proyecto criminal anarcocapitalista y neoliberal actual requiere credibilidad moral, no meros cálculos electorales o financieros para determinar cuántos bolsones van a estar disponibles para repartir a un pueblo que cada vez pasa más hambre. Eso, además, es un grave insulto al pueblo de Salta.
3. Las bases deben recuperar su soberanía: Mediante asambleas partidarias auténticas, sin listas sábana ni imposiciones, donde se privilegie el mérito sobre el padrinazgo o el parentesco. Es profundamente desgarrador ver pasar inexorablemente el tiempo y que un espacio que posee la verdad política y es la simiente de lo que serán los partidos políticos del futuro se dirima en estas cuestiones sólo por el rechazo a cambiar las caras de aquellos de los que el pueblo ya ha manifestado estar harto.

Salta merece una alternativa peronista que encarne el espíritu de su fundador, no lúgubres sombras del pasado con mochilas que lastran y duelen. Los pueblos que olvidan su tradición pierden su alma. Hoy, el alma peronista exige líderes limpios de manos, puros de espíritu y claros de conciencia para la batalla histórica final que enfrentamos. La hora llama a la regeneración ética, no al reciclaje de figuras cuestionadas. En esta encrucijada, elegir lo viejo sólo por temor a Milei sería traicionar nuevamente al futuro.

Por Flavio Gerez

Más Leídas
Noticias Relacionadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí