El Joaquin Castellanos acumula denuncias por mala praxis, mientras falta personal y el edificio se cae a pedazos. El gobierno provincial no da respuestas.
El hospital Joaquín Castellanos de General Güemes sigue en el ojo de la tormenta por denuncias de mala praxis y su estado edilicio. Una seguidilla de denuncias viene marcando el pulso de un sistema sanitario que, en el interior, parece funcionar al límite.
La acusación de la familia es directa: hablan de mala atención inicial, demoras y decisiones médicas que llegaron tarde. En un contexto donde cada hora cuenta, el desenlace fue irreversible. Son señales brutales del deterioro en la calidad de atención.
Pero Güemes no es novedad. En las últimas semanas, el mismo hospital fue escenario de una denuncia grave: un hombre que ingresó con dolor abdominal terminó muriendo tras una serie de diagnósticos errados y una intervención tardía. Su familia denunció mala praxis y abandono de persona, señalando que “tenía una peritonitis, pero no se dieron cuenta”. Anteriormente, una mujer sufrió la amputación de una pierna luego de un presunto error de diagnóstico.
Antes, ya se habían registrado presentaciones judiciales por situaciones similares, incluyendo casos que terminaron en la muerte de pacientes.
La repetición no es casual: diagnósticos deficientes, falta de recursos, guardias saturadas y un sistema que reacciona cuando ya es tarde. A eso se suma un historial de causas judiciales que, incluso años después, siguen dejando más dudas que certezas sobre el funcionamiento del hospital y la responsabilidad institucional.
Ángel Teseira, periodista local, en diálogo con FM Infinito, relató que el hospital está colapsado, sin atención en las guardias, con médicos que no cumplen horario y con el pedido de renuncia de su director Daniel Rallé.
En ese contexto, la política sanitaria del gobierno de Gustavo Sáenz queda expuesta. Mientras se insiste con medidas como el cobro de la atención a ciudadanos extranjeros, presentadas como soluciones de fondo, los problemas estructurales siguen intactos en los hospitales del interior. No hay evidencia de mejoras sustanciales: ni más recursos, ni mejores tiempos de atención, ni mayor capacidad de respuesta ante emergencias.
Güemes aparece como una postal incómoda pero elocuente. Un hospital atravesado por denuncias, familias que buscan justicia y una comunidad que empieza a perder la confianza en su sistema de salud.
