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jueves, septiembre 10, 2026

El incendio en Ampliación 20 de Junio pasó sin pena y gloria para Salud Mental

Por Rodolfo Ceballos (*)

Treinta familias salteñas no recibieron apoyo psicológico de urgencia en las primeras 24 horas, ni tampoco acompañamiento en los días posteriores del incendio que arrasó con sus viviendas. El siniestro sucedió días pasados en la Ampliación 20 de Junio.

El gobierno provincial y el municipal intervienen a través de un comité de crisis, pero estuvieron ausentes los equipos de Salud Mental de la provincia en la hora cero del drama. Eso implicó desde el inicio de la asistencia estatal la ausencia del enfoque psicológico que resguarde la salud mental de los afectados, inmediatamente ocurrido el desastre.

Los testimonios de los afectados conmueven en estos días a los salteños. Las mujeres, los hombres, cuentan sus penas y la vivencia de haber tenido una vivienda con algunos bienes y pasar a perderlos para siempre. Todo indica que el Estado debería estar ya asistiendo psicológicamente a las víctimas.

Los desangelados de la salud mental salteña no actuaron en esta contingencia. Al parecer, se abstienen de dar prevención en terrenos a los que sufren calamidades y solo atienden la demanda clínica desde los escritorios de los consultorios institucionales.

El malestar psíquico de las familias siniestradas muestra indicios de estrés, duelo y angustia por la incertidumbre habitacional y patrimonial. Si Salud Mental supo del incendio, debió haber presente en el minuto cero del desastre, y dar los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), como aconseja el buen protocolo internacional para estas contingencias.

Ya pasaron los días de la tragedia y los habitantes de la Ampliación 20 de Junio siguen pidiendo ayuda. Sufren el alto impacto psíquico que causó el siniestro en su salud mental. Los de esa comunidad no cesan de reclamar que sus casos sean solucionados con urgencia y criterios oportunos porque sus vidas, en forma inesperada, quedaron sin referencias de espacio y tiempo.

La aplicación del protocolo asistencial no solo debe abordar las necesidades inmediatas de las víctimas, sino también establecer las bases para una recuperación sostenible y la construcción de resiliencia comunitaria.

Priorizar la salud mental desde el primer momento es crucial para evitar que el desastre físico se convierta en una crisis de salud mental a largo plazo. Salud Mental sí conoce esta regla de oro ante las catástrofes, pero, ¿por qué no actuaron oportunamente?…

Al tratarse de un barrio precario, las familias afectadas ya enfrentaban agudos problemas socioeconómicos, lo que agravó el impacto del desastre.

Se conoce, a través de la prensa oficial, que a los perjudicados ahora se los evalúa para comenzar la ayuda social que dará el municipio y el Grand Bourg. Nada se sabe de la otra valoración, la de los riesgos psicológicos que permitirán identificar los grupos más vulnerables dentro de la población damnificada.

La falta de recursos, el hacinamiento y la posible ausencia de redes de apoyo formales que ponen a las víctimas del incendio literalmente en la intemperie social, son factores que aumentan el riesgo de desarrollar problemas de salud mental a largo plazo. El evento ya ocurrió, la fase que le sigue necesita aplicar retroactivamente parámetros que orienten la intervención psicológica para cada persona en crisis. La atención psicosocial debe continuar por un tiempo prolongado y así evaluar y planificar acciones futuras, como también poder preparar desde Salud Mental la respuesta inmediata.

En una contingencia como la ocurrida el Comité de Crisis deberá priorizar la atención psicológica de niños, adolescentes, adultos mayores, atender a los discapacitados, a mujeres embarazadas y personas con antecedentes de trastornos de salud mental.

La empatía del plan de atención incluye los factores de riesgo que dejó el acontecimiento: la exposición directa al incendio, el desplazamiento del domicilio, la pérdida de medios de vida, la separación familiar, el trauma previo y otros problemas como las reacciones agudas al estrés, la asistencia a los síntomas de pánico, el shock, la disociación y la ira.

Semejante programa de acción y desafío para los equipos de Salud Mental es un bocado muy grande. Crea dudas si se podrá cumplir a raíz de que el organismo no exhibe un gran trabajo intersectorial complejo.

En su publicidad institucional en las redes, el organismo insiste a la audiencia para que observe cómo sobrecapacita a otras agencias sanitarias en distintos aspectos de la salud mental. Pero esa calidad de atención que enseña, no se la vio en el incendio de la Ampliación 20 de Junio. Estuvieron ausentes los primeros auxilios psicológicos, la escucha activa, la estabilización emocional y la derivación segura para las desafortunadas 30 familias.

 

(*) Periodista especializado en temas de psicología y salud mental

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