En tanto la provincia anunció una “inversión” millonaria en proyectos que beneficiará a los emprendimientos del ministro de Turismo pero de limpiar el ojo de agua, no se dijo nada.
Omar Carrasco es el intendente del municipio moldeño, donde se halla uno de los atractivos turísticos más visitados de Salta: el popular dique Cabra Corral, también conocido por los altos niveles de contaminación de sus aguas, algo que se ha datado y con bastedad en el pasado. Al respecto, el jefe comunal se refirió en una entrevista y reconoció que sí hay contaminación pero no sería tanta como para asustarse.
Carrasco, según detalla el medio Salta 4400, reconoció en un programa radial: “Hay niveles de contaminación en el agua es cierto, para qué lo vamos a negar”. Luego explicó: “Todos sabemos de que municipios derivan basura y desechos en el dique”.
Habló tambien de una campaña mediática en contra del dique -y por ende contra su municipio- y señaló que “no está tan contaminado”. Además aseguró que eso lo sabe porque hicieron un estudio que lo llevó a cabo la empresa que funciona en ese lugar. Recordemos que hace más de una década, en 2011 para ser más exactos, desde la Defensoría del Pueblo de la Nación, solicitaron a la Provincia de Salta la clausura del Dique Cabra Corral por el altísimo nivel de contaminación, malformación de peces y las mortales consecuencias para el ser humano. En 2016, en la tesis doctoral de la bióloga Laura Lamas se advertía que, si no se tomaban acciones para remediar la contaminación, la enorme masa de agua del dique Cabra Corral podría convertirse en tóxica no solo para los peces sino también para las personas que realicen actividades recreativas. Lo que más preocupaba entonces era la presencia de metales. “Los sedimentos en la zona de La Maroma presentaron concentraciones de mercurio, cobre, cadmio y zinc, provenientes de actividades antrópicas, que superaron lo permitido según la normativa internacional”, señalaba entonces en su trabajo Lamas.
Por otro lado, hace más de una década deportistas náuticos profesionales dejaron de practicar en el Dique por “la capa de aceite y heces” sobre la superficie que convierten el agua “más pesada” además de nauseabunda.
