En la Argentina, una enfermedad epidémica es la vieja política, la del aprovechamiento en beneficio propio o de grupo, esa política de la “rosca”, del arreglo espurio, de las formas sin nada de fondo. Esa política que vuelve miserables a los políticos que no comprenden que los tiempos han cambiado.
En plena pandemia del COVID-19, cuando el hambre avanzó junto con el virus, el Ejército Argentino se desplegó en el mayor bastión peronista del país, La Matanza, corazón del conurbano profundo. En un territorio en el que nadie manda más que Cristina Kirchner, una paradoja y un signo de los tiempos.
Allí, el Ejército llevó una misión de 110 efectivos, 21 camiones, vehículos livianos, trailers, cocinas. Allí, donde los soldados tienen que ser custodiados por policías porque es uno de los distritos con peores índices de criminalidad, las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, realizan una labor humanitaria.
Sin embargo no todos lo entienden y los punteros del kichnerismo no reconocen que son tiempos de miseria, sencillamente, porque son miserables. Así, han distribuido fotografías donde utilizan los tachos de comida que les dejan los soldados para fotografiarse con sus “trapos”, valiéndose de la necesidad de miles de ciudadanos.
Es –como decimos- la vieja política, esa misma que hace que funcionarios que debieran estar pensando las nuevas políticas, estén en cambio recorriendo hospitales donando barbijos, camisolines y otras prendas hospitalarias ¡Que confeccionan otros!
La foto política tiene eso de miserable, el aprovechamiento de lo que otro hace en beneficio de uno. Para mal de este país, esa clase dirigente tiene todavía mucho hilo en el carretel y seguirá aprovechándose de los cargos para vivir en la opulencia mientras somete a los ciudadanos que los votan a condiciones infrahumana, de las que también se aprovechan, como se ve.
Por: Juan Ignacio Escrivá
