Pese a haber votado a favor del aumento de los jubilados, ayer los diputados nacionales que responden al gobernador se abstuvieron y una se ausentó justo antes de dar el voto.
Pamela Calletti, Pablo Outes y Yolanda Vega lo hicieron de nuevo: volvieron a traicionar a su electorado, cuando decidieron acompañar la voluntad de Javier Milei en el veto al aumento de los jubilados. Antes, los tres habían acompañado el proyecto ahora volvieron a jugar un papel indigno, en un contexto de crisis económica y social.
Ya el martes, previo a la sesión, se rumoreaba que desde Casa Rosada habían llamado uno por uno a los gobernadores “aliados”, y que Salta no era la excepción, para que ayuden a ratificar el veto a la recomposición de los haberes de los jubilados. La versión de que se iban a abstener se dispersó rápidamente y se confirmó en el transcurso del debate ya en sesión especial: un diputado de Innovación Federal, el bloque que integran los diputados salteños del Grand Bourg, dijo que todo el bloque se iba a abstener.
En ese momento se notó la incomodidad de Calletti, que estaba sentada al lado del legislador que exponía la postura del bloque. La salteña, en medio de la exposición del vocero de la intención del bloque, se levantó y se retiró del Recinto. Claro, no quería quedar “pegada” ante semejante anuncio que le daba la espalda a los jubilados.
Durante la sesión, Outes no tuvo la posibilidad de hablar y de mencionar la palabra “federalismo” la mayor cantidad de veces posible, aunque no tenga sentido. Vega, en tanto, sigue sin agarrar el micrófono en el Recinto. Tal vez sea la única legisladora que todavía no habló.
Lo más “extraño”, de todo es que los tres diputados del saencismo habían votado a favor del proyecto que vetó Javier Milei. Se confirma, entonces, lo indigno del papel que estos diputados vienen cumpliendo. Ya no solo traicionando el mandato que le dieron sus votantes, si no traicionándose a ellos mismos.
Outes y la intrascendente Vega siguieron la idea original de abstenerse, que es lo mismo que apoyar el veto, porque la Cámara necesitaba los dos tercios de los diputados. Calletti, en cambio, decidió “improvisar” y se deslogueó para figurar como ausente de la votación, creyendo que de esa manera no figuraría entre los diputados que votaron una cosa y tres meses después hicieron otra y que le dieron la espalda a la posibilidad de un aumento de 13 mil pesos para los jubilados.
El comportamiento de los diputados saencistas refleja una falta de integridad y coraje político, convirtiendo a estos legisladores en simples peones de una agenda que puede no estar alineada con el bienestar de la población que los eligió.
Al final, su sumisión no solo erosiona la confianza en las instituciones democráticas, sino que también resquebraja la esencia misma de la representación política, basada en el diálogo honesto y el respeto a los compromisos asumidos con sus votantes.
La traición a sus propios ideales, motivada por intereses externos o presiones políticas, revela un distanciamiento de la ética que debería regir su función.
