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domingo, abril 19, 2026

La policía reemplazó a Salud Mental y ahora previene las violencias escolares

Después de que en Salta la policía tuvo que ir a los colegios amenazados de tiroteos a controlar mochilas, es imaginable que el gobierno provincial hará prevención en serio de las violencias escolares.

        Por Rodolfo Ceballos (*)

El bienestar mental de los chicos, en el contexto de la cultura de las redes digitales, se hizo un síntoma de agresión con fuerte impacto en la sociedad.

Salta junto al país no sabe qué hacer con los alumnos que tienen conductas de riesgo. Lo demostraron las amenazas de tiroteos en más de 20 escuelas en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Río Negro, Tierra del Fuego y Santa Fe.

En Salta, el síntoma juvenil quedó en la nueva postal de la educación vigilada. Por primera vez en la ex-Escuela Normal, fundada el 2 de febrero de 1882, la policía apostada requisó las mochilas de los alumnos. Todos son sospechosos de portar el síntoma de la agresividad. Los alumnos dejaron de ser confiables.

El Estado, ante la pérdida de la salud mental de algunos chicos salteños, los caracteriza como potencialmente peligrosos. Lo que ya significa una estigmatización prematura.

La rectoría de salud mental de Salta, solo comentarista eficiente de los problemas del área, no pudo hacer un trabajo profundo de prevención de las violencias escolares. Está ausente de esa tarea por convicción y conveniencia. Dejó a la policía que avise, investigue y resguarde las conductas de riesgo de los adolescentes.

Los equipos de salud mental, enterados de la reciente masacre en Santa Fe, no realizaron prevención ni tampoco tienen previsto hacerla a pesar de la evidencia social de los vínculos rotos, con sus escuelas, de algunos alumnos.

El síntoma de la agresión quedó manifestado en grafitis intimidatorios, lo que implica una campaña psicológica que amenaza por divertimento para las redes para sembrar el pánico entre sus docentes y compañeros.

La rectoría de salud mental, al poner en déficit la prevención en las escuelas, no organizó programas para que los chicos rechacen esas campañas psicológicas que expanden el miedo.

Si en Salta hubiera un Plan de Salud Mental Escolar, este brote de amenazas a partir de la masacre en Santa Fe estaría atenuado. El clima escolar necesita reforzar el apoyo psicológico en la educación para que vuelva la confianza en la comunidad educativa.

Revisar mochilas puede dar una sensación de control, pero no garantiza que los estudiantes se sientan seguros. La hábil declarante, que es la rectoría de salud mental, en esta oportunidad paga con una pérdida de protagonismo institucional por su desangelada política. En este tiempo no asumió que la escuela es transmisión de contenidos, espacio de socialización y de construcción de identidad. Todo esto es un contenido estratégico que la rectoría de salud mental no puede dilucidar por sus acciones fragmentarias y partidistas que impiden dar prestaciones en forma universal.

En plenas amenazas graves, sigue sumida en una fragmentación institucional con escasez de estadísticas de las violencias escolares y con respuestas reactivas. Es solo espectadora de la policía que la reemplazó con el plan del Ministerio de Seguridad que busca evitar que el síntoma de las agresiones escolares no atente contra la paz educativa.

 

(*) Periodista especializado en temas psicosociales y de salud mental.

 

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