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miércoles, junio 24, 2026

La sumisión del saencismo a los libertarios ya es indigna

El gobernador Gustavo Sáenz mandó a sus diputados a salvar a Manuel Adorni de la interpelación. Lo había anticipado, cuando dijo que “no le importaba” el Jefe de Gabinete, pese a sus flagrantes actos de corrupción.

La sumisión del saencismo a los libertarios ya no admite eufemismos ni matices. Lo que hasta hace poco se disfrazaba de “gobernabilidad” o “diálogo institucional”, hoy se exhibe como una alineación automática, casi refleja, frente a cada necesidad política del oficialismo nacional. Esta vez, el gesto fue más explícito que nunca: los diputados que responden a Gustavo Sáenz jugaron un papel clave para blindar al jefe de Gabinete Manuel Adorni y evitar que enfrente una interpelación en el Congreso.

No fue un movimiento aislado ni un desliz. Fue, claro, una decisión política. Mientras distintos bloques opositores empujaban la posibilidad de que el jefe de Gabinete dé explicaciones por una serie de hechos que ya no se discuten en voz baja, los saencistas Pablo Outes y Yolanda Vega, la dipumuda, optaron por ponerse del lado de quienes buscan que nada se aclare. La escena dejó en evidencia una dinámica que ya se repite: cuando la Casa Rosada necesita votos, Sáenz responde.

La decisión del saencismo no sorprendió: Hace apenas días, Sáenz había intentado tomar distancia del escándalo al asegurar que “no le importaba” Adorni. La frase, que buscó mostrarlo enfocado en los problemas locales, envejeció mal y rápido. Porque a la hora de votar, su estructura política actuó exactamente en sentido contrario: no solo le importó, sino que se movió para protegerlo.

En el Congreso, los libertarios no contaban por sí solos con los números necesarios para frenar la interpelación, pero encontraron respaldo en un entramado de aliados circunstanciales donde aparecieron, sin demasiada disimulación, los diputados que orbitan en torno al poder salteño. La misma lógica que ya se vio en otras votaciones sensibles: acompañamiento sin estridencias, pero decisivo.

El saencismo mostró, otra vez, que está dispuesto a jugar a fondo con los hermanos Milei y con todo el gobierno nacional. Pero esta vez deberá pagar un costo político alto. Porque esta vez el saencismo fue cómplice del jefe de Gabinete, hoy, la cara visible de la corrupción en la Argentina.

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