Desde que se separó de Laura Montarce —vicepresidenta de SAETA— parece haber reordenado prioridades. Pelo implantado, rutina fitness, estética renovada. Nada cuestionable en lo personal, salvo por un detalle: en paralelo, en el plano político prácticamente un cero a la izquieda.
Su nueva pareja, Agostina Molinaro —nombrada en el Concejo como corresponde con todas las mujeres de los muchachos del poder local, aunque sin que nadie pueda explicar con precisión qué función cumple— es fanática de los viajes: Tailandia, Nueva York, Perú, Punta Cana: son algunos de los últimos destinos que disfrutó.
En la casa que se construyó —dicen que ronda los 400 mil dólares— en Valle Escondido, la pasan tranquilos: la mansión que cuenta con piscina y una envidiable cava es el rincón preferidos de los tortolitos; brindis con amigos por las noches y por las mañanas gimnasia. Esa es la stresante rutina del fiel servidor público llegado de Buenos Aires para alzarce con la caja del cuerpo deliberativo comunal.
Todo fluye en la vivienda que sigue ocupando tras la separación y cuya historia patrimonial todavía promete capítulos más incómodos, pero por ahora no interrumpen su justo descanso.
¿Y la política? Poco y nada. Lo único que se comenta es que se lo habría visto conversando con Rodrigo Quinteros, hoy vicepresidente del Concejo, casualmente encumbrado en ese puesto tras el reacomodamiento que siguió al acercamiento Milei–Sáenz. Entre las huestes del intendente no son pocos los que miran con recelo y desconfianza ese acercamiento.
Así entre celebraciones y caminatas distendidas, Madile transcurre sin demasiada intensidad en su relevante labor institucional. Lo que sí parece claro es que, mientras el Concejo sigue esperando señales, está bastante ocupado: se entretiene —y mucho— con su nueva novia.
