Un grupo de puesteros fueron desalojados como delincuentes, sin previo aviso, sin garantías, sin nada. Solo apareció una orden «o levantan todo o cerramos todo con chapas”. Así, como si fueran desechos. Con la policía esperando instrucciones para romper candados y cargar mercadería, desarrollaron una operativo desmedido.
La excusa es que se va a remodelar el lugar. Pero lo están haciendo, cuánto menos desprolijo. Los están echaron a empujones, sin darles espacio, sin darles tiempo. Lo dijo una de las puesteras, Noemí, en diálogo con Cadena Infinito: “nos trataron como ladrones. Pero somos laburantes. Yo vivo de esto. No cobro pensión, ni ayuda, ni asignación. Solo trabajo”.
Hoy pagan 150 mil pesos por estar en el subsuelo. Les exigen mudarse a un galpón improvisado, sin puertas, sin seguridad, sin clientes, y con un alquiler de 300 mil pesos mensuales. Es decir: el doble por la mitad de condiciones. Sin garantías de ventas. Sin protección. Sin derechos.
Emilio Gutiérrez, el interventor del mercado, evitó dar la cara. Las puesteras lo buscaron por todas partes. Segun dijeron no responde los mensajes. No atiende las llamadas. No escucha. Pero manda a sus empleados a amenazar.
El cinismo es tal que muchos de los nuevos “locales” no tienen ni puertas. Les entregan un agujero, un techo, y gracias. ¿Seguridad? ¿Tránsito de clientes? ¿Promoción del nuevo espacio? Nada. La reubicación es una farsa. Un eufemismo de “sálvese quien pueda”.
“Nos mandan a un lugar donde nadie vende nada, donde no pasa nadie. Así no se puede pagar un alquiler de 400 mil pesos. No quieren reubicar. Quieren eliminar”, dijo la puestera.
Ayer, muchos decidieron quedarse a dormir dentro de sus puestos por miedo porque la policía ya estaba apostada en la esquina, esperando órdenes. Porque saben que si se van, los dejan sin nada.
«Estamos pidiendo tiempo para que podamos ser reubicadas las familias que faltan. Y además pedimos también una reunión con el señor interventor para que, si bien nos quiere mandar arriba, que podamos pagar menos porque obviamente no vamos a vender o lo que se estipula, no vamos a trabajar de la manera que ellos quieran», señaló.
La modernización no puede construirse sobre la miseria ajena. No se mejora un mercado hundiendo familias. No se rediseña echando a los que necesitan ganarse el pan honestamente.
