El actual diputado nacional busca concentrarse en su segunda candidatura de 2023 (luego de postularse a la gobernación), en busca de otra reelección como diputado nacional y tratando de conservar el respaldo del Grand Bourg. Mediante austeras cenas, intenta retomar el contacto presencial con dirigentes del interior y con periodistas alineados con el saencismo.
El presente político nacional se caracteriza por un mar de incertidumbres sobre el que flota cual fragata una certeza: el hartazgo hacia las pretensiones de permanecer en espacios cuyas decisiones solo persiguen conservar los privilegios de unos pocos mediante reelecciones sucesivas, candidaturas dobles o simultáneas y otras maniobras.
En ese pequeño círculo, vulgarmente definido como casta en la actualidad, aparece el cafayateño Miguel Nanni, quien por tercera vez no tuvo problemas de postulares a dos cargos diferentes en pocos meses. Antes de 2023 en el que fue candidato a gobernador y a diputado nacional, hizo lo propio en 2019 como vice de Olmedo y en 2015 encabezando la fórmula junto a Tito Tonda. Previo a ello, fue senador provincial durante dos años (2013-2015).
En términos partidarios, Nanni domina la UCR y sus órganos partidarios (comité y convención) desde 2014 (con un breve paréntesis en la presidencia de Mimessi) y debió haber finalizado su mandato como presidente a principios de este año. Sin embargo, apeló a una decisión autoritaria y violatoria de la Carta Orgánica, para prorrogar el cargo hasta noviembre y a los fines de negociar una candidatura expectante.
La candidatura a diputada nacional en segundo término de Eugenia De Vita, actual coordinadora de prensa de la Gobernación, no hizo más que confirmar el estrecho vínculo entre el dirigente radical y el Grand Bourg. Lo que antes se disimulaba, ahora se presenta de modo desvergonzado y cosecha rechazos de propios y ajenos.
¿Sin el pan y sin la torta?
Si bien los resultados de las PASO de agosto dejaron en carrera a Nanni por haberle ganado la interna a Inés Liendo, y tener chances matemáticas de lograr el objetivo, desde el punto de vista político, la nueva reelección se le presenta muy cuesta arriba.
Ocurre que muchos vaticinan una proyección de Emilia Orozco, la candidata de Milei en Salta, a ello se le suma el esfuerzo que está poniendo el peronismo en la postulación de Pablo Outes-Sergio Massa, la interna con radicales que están llamando a cortar la boleta para no votarlo, lo que puede incidir el no alineamiento de Inés Liendo, la precandidata del PRO derrotada en las PASO y -sobre todo-, el clima de época expresado en el rechazo a lo viejas mañas de la política, sintetizado en la idea de “casta”.
Una derrota el 22 de octubre, lo dejaría muy mal parado para las elecciones internas partidarias, donde podría incluso buscar otro mandato presidencial reinterpretando arbitrariamente las normas internas, o tratando de ubicar al anteño Juan Cuellar como presidente partidario, un afiliado cuyo principal mérito es haber sido nombrado por Nanni en el Congreso nacional.
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