Faltan horas para las elecciones y vale recordarlo: votar al poncho en Salta no es votar identidad, es votar impunidad.
Es votar por una pyme familiar con sede en Grand Bourg, donde los sueldos los paga el Estado y los cargos se reparten por apellido.
Es también votar por la inmunidad de Nicolás Demitrópulos, por un sistema que protege a los amigos del poder y persigue a los que se animan a hablar.
El poncho fue símbolo de los gauchos de Güemes, de coraje y dignidad. Hoy lo usan los que mancharon ese emblema con privilegios, negocios y silencio.
Este domingo hay que ir a votar, sí. Pero pasá de largo de los emponchados.
Porque Salta no necesita más punteros, necesita justicia, transparencia y gente que no se esconda detrás de un símbolo para seguir robando en nombre de los salteños.
Por Susana Del Frari
