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domingo, agosto 16, 2026

Opinión: Provincias Unidas

En estos días quizás se haya dado una de las noticias más interesantes y positivas de los últimos tiempos, tan mezquinos de tales novedades. Cinco provincias argentinas, Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Chubut y Santa Cruz se irguieron con el propósito de brindarle al escenario político algo verdaderamente convocante y que se enraíza en lo mejor de nuestra historia posible pero aún irrealizada: un proyecto político que trascienda el empate hegemónico que nos paraliza y que se caracteriza, hoy, por la avara y tramposa pugna que se da entre el mileísmo y el kirchnerismo, en definitiva, dos formas de populismo personalista. Es, como dijéramos en una anterior columna, un intento superador el de estas provincias que trasciende esa pulseada porque toma lo que interesa y desecha lo inservible y enervante. En la columna titulada “Las incógnitas de nuestro tiempo” decíamos que de lo que se trata es de trascender superando e integrando, no suprimiendo a los que no pensaran como nosotros.

Hace también un buen tiempo hablábamos de una revancha de Artigas, el caudillo de la Banda Oriental del Uruguay, cuando durante la gestión del kirchnerismo un gran número de porteños se marchaban, o bien ansiaban hacerlo, a radicarse al vecino país, y nos remontábamos a aquel episodio de cuando esos mismos porteños rechazaron a los diputados enviados por Artigas a un congreso a celebrarse en Buenos Aires con la idea de darse una Constitución que nos organice como país independiente. La excusa utilizada para tal rechazo fue la existencia de instrucciones que los mismos traían y que consistían en organizar al país en ciernes bajo la forma federal, que la capital no estuviese en Buenos Aires y que todas las provincias puedan usufructuar por igual las rentas del puerto situado allí. Como dije, esos diputados fueron rechazados y luego de varias traiciones, la Banda Oriental se erigió como país independiente de esas provincias unidas de sud, como solían llamarse. A partir de ese momento nuestro país se enfrascó en una sangrienta guerra civil que concluyó en el lapso que fue desde la batalla de Caseros en 1852 a la de Pavón en 1861. Con esta batalla salió triunfante la Buenos Aires de Mitre.

Hoy, con la constitución de este grupo de provincias, con la idea trascendente de organizar un país que admita como elementos indispensables una economía saneada con equilibrio fiscal pero con un claro modelo de crecimiento y desarrollo, en el que disfruten de tales valores, crecimiento y desarrollo, todas las regiones y todos los habitantes del país, no sólo unos cuantos privilegiados de algunos centros urbanos, se habrá de producir lo que podríamos concebir como la segunda revancha de Artigas.

En efecto, el motivo por el cual Buenos Aires rechazara a los diputados de Artigas fue el riesgo que percibían ya que la influencia de éste llegaba entonces hasta la provincia de Santiago del Estero y comprendía el actual litoral, es decir, Entre Ríos y Santa Fe, y también Córdoba gobernada en ese entonces por un aliado, Juan Bautista Bustos. Tengamos presente que Artigas tenía correspondencia con el propio Martín Güemes, gobernador de Salta, para comprender ese riesgo que se cernía sobre la pretendida hegemonía de los porteños. Por ello, traiciones mediante, se hizo desaparecer a Güemes, a Bustos, se enemistó a López de Santa Fe con Ramírez de Entre Ríos y se mandó al exilio a Artigas en Paraguay hasta su muerte en 1850, el mismo año que la de San Martín. Hasta esa traición e incluso hasta su muerte, Artigas se sintió integrante de esas Provincias Unidas del Sud.

No es baladí, entonces, que este nuevo conjunto de provincias adopte ese nombre, el de Provincias Unidas, y no es superfluo tampoco el propósito que las sostiene: un modelo de desarrollo integrado del país real y no el simple mercadeo financiero como actualmente se da con asiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los porteños nunca comprendieron y siempre menospreciaron al interior productivo. Lo siguen haciendo aún hoy. Los ejemplos huelgan.

Los tres últimos gobiernos, incluyéndolo obviamente al actual, fueron gobiernos de porteños que no entendieron, ni conocieron, a ese interior productivo y laborioso, ajeno al permanente histeriqueo televisivo y mediático de Buenos Aires. El mismo entendimiento de estos días entre la Libertad Avanza y el PRO, en el cual éste se subsumió en aquél, es en realidad cosa de porteños, algo alejado totalmente de intereses nacionales.

También es muy interesante y valioso que el eje del encuentro provinciano tenga como epicentro a las dos provincias centrales, Santa Fe y Córdoba, por lo que ellas significan cultural y económicamente: provincias agroindustriales con unas muy dinámicas pequeñas y medianas empresas; con Universidades de prestigio y arraigo; y aportantes positivas al régimen de coparticipación que feudaliza a otras provincias rentísticas que viven a expensas de este sistema perdiendo totalmente su autonomía.

Como otro valor en absoluto marginal, este entendimiento provinciano que comentamos nos libera de un dilema sin solución como es el optar entre dos extremos disvaliosos: el kirchnerismo y el mileísmo. Otra atmósfera, en consecuencia, será posible respirar.

*Por Alejandro Saravia

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