La renuncia de Itatí Carrique expone el derrumbe de una Secretaría sin recursos ni respaldo político. Tras 11 años de emergencia por violencia de género, los índices no bajan y las políticas públicas brillan por su ausencia.
La salida de Itatí Carrique, que estuvo al frente de la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Salta, pone en evidencia, una vez más, el fracaso de la gestión de Gustavo Sáenz en áreas sensibles y estratégicas. La renuncia no sólo desnuda una falta de conducción política, sino que confirma el abandono sistemático de una agenda crucial para Salta, una de las provincias con mayores índices de violencia machista del país.
Desde su creación, el organismo sufrió una constante precarización. Falta de personal especializado, recortes presupuestarios, oficinas sin insumos básicos y programas que no se ejecutaron: todo esto fue denunciado una y otra vez por trabajadoras y organizaciones sociales. Carrique, con un perfil técnico y alejada de los círculos de poder, nunca tuvo el respaldo necesario para transformar esa realidad.
En Salta rige una Emergencia por violencia de género desde hace 11 años. Once años que, en términos concretos, no se tradujeron en políticas públicas eficaces ni en una reducción real de los casos de violencia hacia las mujeres y disidencias. Los femicidios siguen aconteciendo y las mujeres no encuentran refugios adecuados, en el contexto de una que justicia actúa con lentitud o desidia, siempre a destiempo.
A pesar del discurso progresista que intentó ensayar el oficialismo de Sáenz, lo cierto es que el área fue relegada a un lugar decorativo. El gobernador jamás priorizó esta problemática en su agenda y mucho menos en la distribución del presupuesto. Mientras se destinan millones a publicidad oficial o a sostener privilegios políticos, la vida de cientos de mujeres salteñas sigue pendiendo de un hilo.
La renuncia de Carrique no debería ser leída como un hecho aislado, sino como un símbolo o un síntoma del fracaso integral de una gestión insensible y alejada de las urgencias reales. Sin voluntad política ni recursos, la Secretaría fue un cascarón vacío. Y las consecuencias, como siempre, las pagaron las víctimas.
Por el momento, no se baraja, o no trascendió, el nombre de quién reemplazará a Carrique. De hecho, ni siquiera se confirmó acerca de la continuidad de la Secretaría.
