El abogado especialista en derechos del consumidor apuntó contra la ausencia de los organismos estatales durante los días en que los empresarios dejaron a los salteños sin el servicio nocturno de colectivos.
El inédito corte del servicio nocturno de colectivos en Salta dejó algo más que usuarios varados: volvió a exponer un sistema que, según advierten desde el ámbito legal, “funciona” a los tumbos y con reflejos cada vez más lentos. En ese marco, el abogado Daniel Paganetti, referente de la asociación Protectora en la provincia, decidió avanzar con un amparo colectivo por los varios días en los que el transporte directamente desapareció de la noche salteña.
La reacción judicial, explicó, no surgió de un impulso aislado sino de un vacío evidente. “La medida la tomamos por la inacción de organismos que deberían estar defendiendo al usuario”, sostuvo, apuntando sin rodeos a Defensa del Consumidor y a la Defensoría del Pueblo municipal. Para Paganetti, el problema no fue solo el corte en sí, sino la pasividad previa: “el conflicto era anunciado”, pero nadie intervino a tiempo.
Aunque el servicio finalmente se restableció, el abogado pidió no confundir alivio con solución. “Celebramos que el usuario haya recuperado el servicio nocturno, eso es lo principal, pero seamos claros también: se pagó solo una parte de una deuda y por eso se levantó el corte”, explicó. Y dejó flotando una advertencia incómoda: si el sistema depende de pagos de urgencia para no colapsar, el problema no es coyuntural.
En esa línea, remarcó que incluso desde la propia conducción de la empresa se reconoció la gravedad del cuadro. “Me llamó la atención cuando hablaron de un problema estructural. Esa palabra me quedó grabada”, dijo, y agregó que ese diagnóstico debería abrir “una discusión más profunda” sobre cómo funciona el esquema actual.
Paganetti fue más allá y planteó directamente la necesidad de revisar todo el modelo. “Acá hay que proteger al usuario, es hora de revisar la continuidad de SAETA y de la AMT. ¿Por qué no fusionar los organismos?”, lanzó, para luego ser todavía más contundente: “SAETA fracasó en su modelo de gestión”.
El financiamiento también quedó bajo la lupa. “Hoy se sostiene con acuerdos transitorios y con inyecciones permanentes de fondos públicos. Eso nos tiene que preocupar a todos”, advirtió, dejando entrever que el sistema sobrevive más por asistencia estatal que por eficiencia propia.
Pero si hubo un blanco privilegiado en sus críticas, ese fue el ente regulador. “La AMT brilló por su ausencia”, disparó. Y detalló: “No apareció ni para prevenir el corte ni para garantizar el servicio, que es una de sus funciones”. La acusación no se quedó en la superficie: “Un ente regulador que no regula, que no controla en el momento decisivo, no le sirve al usuario. Le cuesta al usuario”, finalizó.
