No fue enfermedad ni agenda recargada, fue estrategia. El saencismo volvió a mostrar su verdadero rol en el Congreso: ausentarse cuando hay que dar quórum y acompañar en silencio a los libertarios.
El dato es tan frío como elocuente: Pablo Outes faltó a siete de las 14 sesiones que tuvo la Cámara de Diputados durante el año. La información surge del sitio El Parlamentario y deja al desnudo una conducta sistemática, no un descuido. La mitad del año legislativo, el diputado nacional del saencismo decidió no estar.
Las ausencias no tuvieron nada que ver con problemas de salud ni con otras responsabilidades institucionales. Tampoco con viajes oficiales o tareas parlamentarias en comisión. La explicación es mucho más simple: no dar quórum cuando los temas en agenda incomodaban al plan de Gobierno nacional, al que el saencismo acompaña con disciplina.
Durante esas sesiones se debatieron proyectos sensibles: financiamiento para la salud pública, presupuesto para la educación universitaria, rechazos a vetos presidenciales y otras iniciativas que chocaban de frente con la motosierra libertaria. Allí, cuando había que elegir entre representar a Salta o cuidar la alianza política, el saencismo eligió esconderse.
En varias oportunidades, Outes directamente no fue para evitar que la sesión arrancara. En otras tres, la ausencia la aportó la ya conocida “diputada muda” Yolanda Vega. Entre silencios y sillas vacías, el bloque cumplió su objetivo: ayudar al oficialismo sin pagar el costo político de votar en contra de la gente.
No es la primera vez (ni la última) que el saencismo juega a dos puntas. En campaña se disfraza de federal, moderado y defensor de los intereses provinciales. En el Congreso actúa como fuerza auxiliar del poder central, incluso cuando eso implica frenar debates claves para millones de argentinos y profundizar el ajuste.
Una vez más, el saencismo confirma que no es un proyecto político, sino una estafa electoral con banca propia.
