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martes, septiembre 1, 2026

Tiempo de Milagro y de oportunismo: la devoción demagoga de Sáenz

Con chaleco prestado y gesto impostado, el gobernador volvió a disfrazarse de peregrino en la Fiesta del Milagro. Otra puesta en escena de un dirigente que asiste solo para tener protagonismo.

Otra vez lo mismo. Pese a las advertencias de algunos actores importantes de la Iglesia, otro año con la misma historia. Como si la gente no se diera cuenta, Gustavo Sáenz se calzó el chaleco y se metió entre los peregrinos para robar cámara en la llegada a la Catedral. No fue un acto de fe, fue marketing. El gobernador se disfraza de devoto cuando en realidad lo único que busca es capitalizar la emoción popular para su propio beneficio político.

Porque mientras miles de hombres, mujeres, ancianos y chicos caminan cientos de kilómetros bajo el sol y el frío para agradecerle al Señor y la Virgen del Milagro, Sáenz aparece peinado, escoltado y con sonrisa de spot publicitario. Su “peregrinación” consiste en caminar apenas una cuadra con los fieles y, claro, nunca sin su séquito de fotógrafos y camarógrafos para registrar el momento.

El sacrificio ajeno se convierte en escenografía para su demagogia. Los verdaderos peregrinos llegan con los pies destrozados y el corazón en alto; el gobernador, en cambio, llega impecable, buscando ángulo de cámara, chequeando que se vea bien el chaleco que identifica a los peregrinos y asegurándose de que el flash lo encuentre “humilde”.

La fiesta más importante de Salta, la que une al pueblo desde hace siglos, no necesita protagonistas políticos. Pero Sáenz insiste en colarse en la escena central, como si los flashes estuvieran hechos para él y no para quienes cargan el peso de la fe durante días enteros de caminata, los verdaderos protagonistas de esta Fiesta.

La fe no se mide en votos, pero Sáenz la reduce a eso. Intenta mimetizarse con la multitud, finge devoción, repite frases de ocasión y, cuando se apagan las cámaras, vuelve al sillón del poder como si nada. El disfraz de peregrino le dura lo mismo que la misa: apenas un rato.

La paradoja es brutal: mientras miles de salteños caminan descalzos porque creen, pero el gobernador camina una cuadra porque especula. El Milagro es auténtico; lo de Sáenz es puro acting.

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