Fronteras ideológicas para Saénz que ignora el concepto de batalla geopolítica.
La Puna salteña, vasta y rica en recursos, se ha convertido en un escenario donde las decisiones económicas nacionales trazan fronteras ideológicas, afectando directamente el desarrollo provincial. El «gauchito del rebenque» mira todo por TV, ocupado en cuestiones electorales sin interés en el desarrollo autosostenido de la provincia.
La reciente negativa del gobierno nacional a la inversión de la minera china Ganfeng Lithium en el proyecto «Mariana» en el Salar de Llullaillaco, bajo el amparo del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), ha encendido las alarmas sobre una posible injerencia geopolítica que limita la autonomía de Salta con el silencio del miedo del Grand Bourg.
El ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, anunció el rechazo a la propuesta de Ganfeng, una empresa que ya había desembolsado 980 millones de dólares y que inauguró una planta industrial en General Güemes a principios de este año. La justificación oficial esgrimida fue una «cuestión administrativa», argumentando que la solicitud «no cumplía con los requisitos de ingreso al régimen», específicamente la «obligación de inversiones mínimas requeridas para los próximos dos años». Sin embargo, esta explicación choca con la realidad de una inversión ya en marcha y una planta operativa.
La decisión, que deja a Ganfeng Lithium en un limbo respecto a su segunda fase de inversión, se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica que el gobernador Sáenz, nunca se ocupó de conocer en su carrera de político. Al ignorar que la geopolítica es más importante que la línea cuenta votos en la que siempre se movió, el agua le empezó a llegar al cuello.
Se han difundido las declaraciones del posible nuevo embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, que manifestó que su tarea en el país se enfocaría en “viajar a las provincias para evitar la corrupción de los chinos”. Si lo recibe Sáenz, seguramente será sin el icónico rebenque que mostró en uno de sus alocados videítos de amenaza a los opositores. Pero con Lamelas, no podrá desobedecer y tendrá que comenzar a desactivar sus contactos chinos en la Puna.
Salta, una provincia con cuatro de los siete proyectos de litio chinos en desarrollo en el Noroeste Argentino (Centenario Ratones, Mariana, Pozuelos-Pastos Grandes y Sal de los Ángeles), se ve directamente afectada por estas decisiones. Mientras la inversión de Río Tinto en Salar Rincón fue aprobada por 2.724 millones de dólares, y la propuesta de la coreana Posco en Salar del Hombre Muerto por 633 millones de dólares está pendiente, la exclusión de Ganfeng Lithium envía un mensaje preocupante a otros inversores asiáticos.
¿Hasta qué punto las decisiones nacionales, aparentemente motivadas por alineamientos ideológicos o presiones externas, pueden coartar el desarrollo económico de las provincias? La Puna salteña es un motor de crecimiento para la región, y limitar las inversiones bajo argumentos que parecen endebles, especialmente cuando ya hay capitales comprometidos y plantas operativas, es un golpe directo a la confianza de los inversores y a las posibilidades de empleo y progreso local.
En este delicado panorama, la voz del gobernador de Salta, brilla por su ausencia. Ante una decisión de tal magnitud que impacta directamente en la economía y el futuro de su provincia, la falta de una postura firme o de una defensa de los intereses salteños resulta llamativa. ¿Está el gobernador cómodo en el corralito de desinversión que lo pusieron las directrices nacionales, o su silencio es una aceptación tácita de estas «fronteras ideológicas» impuestas desde Buenos Aires?
La Puna salteña no es un tablero de ajedrez geopolítico, sino un territorio con comunidades que anhelan desarrollo y oportunidades. Es imperativo que las decisiones sobre sus recursos se tomen con una visión estratégica que priorice el bienestar de sus habitantes, y no los alineamientos ideológicos que, en última instancia, solo sirven para ponerle un freno al progreso.
