Está cerrando julio y la foto del turismo en Salta es clara: crisis profunda. Poca ocupación, baja actividad, caída en el consumo. Y lo más grave: nadie sabe qué va a pasar en estos meses que vienen. Los pronosticos no son buenos.
Este invierno practicamente no vinieron turistas de afuera. Argentina está cara en dólares, y eso ahuyenta al extranjero. Tampoco hubo grandes contingentes desde Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe: la inflación, el parate económico y el fin del PreViaje se hicieron sentir.
El segmento que queda es el local y el regional: el salteño, el tucumano, el jujeño. Y ahí está el gran problema. Porque si el único perfil que puede mover algo de consumo ¿por qué no hay ningun estimulante para activarlo?
No hay una campaña para que el salteño recorra su provincia. No hay paquetes promocionales para el norte. No hay acuerdos entre municipios, ni descuentos especiales. No hay ni financiación del Banco Macro para turismo interno.
Y entonces, lo que queda es esto: el interior en absoluta incertidumbre, las camas esperando, los restoranes con mesas sin reservas, los trabajadores esperando que se mueva algo y que no se muera.
La inacción demuestra que no saben, no quieren o no pueden lanzar una campaña para que el salteño recorra Salta.
No puede haber turismo sin gente. Y si no viene nadie de afuera, hay que hacer que los de adentro se muevan. Resulta obvio, pero no está ocurriendo.
La temporada fuerte ya pasó, y lo que no se hizo a tiempo no se recupera tan fácil. Solo algunos tienen un colchón financiero, pero si no hay demanda el turismo salteño la tiene muy difícil.
Por Enrique Briones
