Un legislador denunció que hay al menos 500 personas sin empleo en Los Andes y apuntó contra las mineras: “No toman gente de la zona”. El derrame nunca llegó, ni con RIGI.
El relato del “boom minero” empieza a hacer agua cuando se lo contrasta con la realidad de la Puna salteña. En el departamento Los Andes, donde se concentran varios de los proyectos más importantes, el crecimiento prometido no se tradujo en trabajo: hoy hay al menos 500 personas desocupadas.
La cifra fue expuesta por el diputado provincial Gerónimo Arjona, quien en una entrevista en FM Infinito fue directo al hueso: “Las mineras no toman a gente de la Puna, dicen que falta formación”. La frase, más que una excusa empresaria, deja al descubierto el fracaso de un modelo que prometía desarrollo local.
El problema, según el propio legislador, no es solo la falta de empleo, sino el incumplimiento de la Ley de Promoción Minera, pensada justamente para priorizar la contratación de trabajadores y proveedores de la región. En los papeles, la norma nació para garantizar que el crecimiento se derrame en las comunidades. En la práctica, en la Puna sostienen que eso nunca ocurrió.
“Hay desocupación en la zona y la gente no consigue trabajo en la minería”, advirtió Arjona en la misma entrevista, marcando una contradicción evidente entre el discurso oficial y lo que sucede en el territorio. Mientras se anuncian inversiones millonarias, en los pueblos puneños la economía sigue dependiendo de changas o del empleo público.
El contraste se vuelve más fuerte en el contexto actual, donde el Gobierno nacional impulsa el RIGI como la gran herramienta para atraer inversiones. Sin embargo, en Los Andes la pregunta es incómoda: si con el auge del litio y los beneficios extraordinarios no hubo empleo local, ¿qué cambia ahora?
Porque el famoso “derrame” vuelve a quedar en evidencia como una promesa vacía. Ni con régimen de promoción provincial, ni con incentivos nacionales, ni con el tan mentado “boom minero” la riqueza logró quedarse en la Puna.
Y mientras las empresas siguen operando y ampliando proyectos, en los pueblos de altura la realidad es mucho más terrenal: 500 personas buscando trabajo en una de las zonas más ricas en recursos del país. Una postal que desarma cualquier relato.
