Si usted, vecino común, osa estacionar mal por unos minutos para bajar una bolsa o comprar pan, corre el riesgo de recibir una multa automática. Pero si usted es parte de la estructura municipal las reglas cambian. En la práctica, no aplican.
En la calle General Martín Güemes al 800, donde rige una prohibición clara de estacionar, los vehículos municipales se ubican como en su propia cochera privada. La zona es angosta, transitada y, según la cartelería, restringida. Sin embargo, a diario se observan autos oficiales detenidos sobre la calzada, interrumpiendo el paso de vecinos, comerciantes y repartidores, como si la ley de tránsito fuera optativa para algunos.
Muchos que se resignan a salir de esa zona y luego caminar unas cuadras para evitar una infracción, observan con bronca cómo las camionetas con logos oficiales se acomodan con total impunidad. ¿Quién debería evitar esto? Nada menos que el responsable del área de Tránsito, Matías Assennato, alias Assennada, el mismo que se llena la boca hablando de respetar las normas pero intervinó para evitar la alcoholemia al presidente de Aguas del Norte, Ignacio “Nacho” Jarsún, quien fue sorprendido manejando con 1,24 g/l de alcohol en sangre.

Esta contradicción es más que anecdótica: es política. Porque no se trata de un caso aislado ni de un descuido puntual, sino de una práctica cotidiana, amparada en la falta total de control hacia los que controlan. Mientras se sanciona al ciudadano de a pie por estacionar frente a su local, los vehículos oficiales descansan en zonas vedadas, como si en lugar de estar prohibido, fuera su derecho exclusivo.
No es la primera vez que se denuncia esta doble vara. Desde hace meses, vecinos de distintas zonas del centro vienen registrando autos municipales en infracción, algunos incluso sobre veredas o entradas de garajes. La Güemes, en particular, parece haberse convertido en una especie de playa de estacionamiento VIP para quienes se sienten exentos del código de tránsito que deberían aplicar.
La pregunta es sencilla: ¿puede un funcionario exigir respeto a las normas si desde su área se vulneran a diario? ¿Puede hablar de orden y convivencia alguien que permite —o ignora— que su equipo estacione donde está expresamente prohibido?
Te puede interesar:
La doble vara de Asennato: controles de alcoholemia para algunos, favores para otros
